Por Predecimos.com
Siempre que conocemos a un nuevo amante existe un momento jocoso en el que
nos relacionamos con otra persona valiéndonos de nuestra energía más creativa.
El sexo es caliente, y somos capaces de percibir cada detalle de lo que es y lo
que hace la otra persona.
Nos sentimos bendecidos por haber encontrado nuestra otra mitad. La fuerza de
atracción es poderosa y la curiosidad dominó nuestros días.
¿Cómo puede ser, entonces, que en un corto período de tiempo podamos terminar
relacionándonos con esta persona según patrones de conducta de antaño, a menudo
asemejándose a la relación entre padres e hijos? ¿Cómo puede un romance
acalorado transformarse en un conjunto de asuntos relacionados a la seguridad?
Tempranamente en una experiencia de atracción sexual, nosotros personificamos a
Marte y a Venus en relación del uno con el otro. Marte está asociado con el
signo de Aries y con la Primera Casa, lo que expresa conocimiento de uno mismo,
deseo ardiente y claridad de iniciativa.
Venus, por su parte, está asociado con el signo de Libra y con la Séptima Casa,
caracterizándose por la sensibilidad, la receptividad, la responsabilidad, y
estando dotado de magia y belleza, claramente perceptibles y deseables por
Marte.
Esto funciona hasta tanto podamos mantener la energía del deseo y la
realización, y sostener la conciencia de un intercambio igualitario. A medida
que el tiempo transcurre, la fuerza de la polaridad de Venus-Marte a menudo
desaparece porque afloran a la superficie necesidades o apetencias más
intrincadas.
La relación va más allá del sexo y el romance cuando verdaderamente llegamos a
conocer a la otra persona. Cuando iniciamos una relación, traemos con nosotros
todas nuestras necesidades y asuntos pendientes del pasado. Así, traemos
nuestras carencias y nuestras virtudes, traemos nuestras heridas y nuestras
fortalezas.
Los cambios de la relación
A medida que los cambios aparecen, podríamos encontrarnos relacionándonos con el
otro, acompañados por el eje de la Cuarta Casa y Décima Casa, asociado con
Cáncer y Capricornio, que están relacionados alternativamente con la Luna y
Saturno.
Nos hemos movido desde un eje horizontal a un eje vertical, donde la autoridad
reemplaza a la igualdad. Cuando una relación se transforma en una continua
discusión de necesidades, limitaciones, inseguridades, temores y deseos
desencontrados, podemos estar seguros que nos estamos dirigiendo a nuestro
compañero según un convenio Luna-Saturno, generalmente con una persona
cumpliendo el rol del “débil” y la otra el rol del “fuerte”.
El eje de las casas Cuarta/Décima es un campo en la carta en el que primero
buscamos información sobre las condiciones familiares y los padres. La mayoría
de los astrólogos chequean ambas casas para obtener información sobre ambos
padres.
Cualquier padre puede representar cualidades de la Luna (crianza,
tradicionalmente asociada con la madre) o de Saturno (autoridad y límites,
tradicionalmente asociados al padre), y cualquier miembro de la pareja puede
aparecer en la vida como padre o madre.
La Cuarta Casa es como el corazón interior desde el cual nos relacionamos a
otro, donde mantenemos nuestras inseguridades y nuestra realidad emocional. Es
donde nos relacionamos con el mundo como el niño que alguna vez fuimos, o como
la persona adulta en que nos hemos convertido.
Cuando alguien llega verdaderamente a conocernos, comenzaremos a revelar los
contenidos y las necesidades de esta casa, la cual poseíamos mucho antes que
comience la relación actual. Saturno y la Luna ambos se relacionan al material
viejo, o a lo que algunos místicos llaman “karma”.
¿Qué podemos hacer?
Si tu relación va a los tumbos, es tiempo de reaccionar y revisar ese material
antiguo, que en la jerga actual solemos denominar “asuntos”. Posiblemente, no
hayamos revelado por completo nuestros temores o nuestras necesidades. Podríamos
sentir que nuestras virtudes no están siendo apreciadas por la otra parte.
Podríamos sentirnos heridos emocionalmente y ocultarlo, y nuestra pareja
inconcientemente (o concientemente) nos provoca temor en lugar de mimarnos. O,
por otra parte, podríamos no sentirnos demasiado seguros en nuestro deseo
sexual, lo que podría conducir a un sentimiento de impotencia.
En lugar de maldecirnos a nosotros mismos y a los demás por ser paternales, en
este caso podemos tener compasión, porque se descubre que nuestras relaciones
están relacionadas a nuestros padres; esto es lo que aprendimos primero, y lo
que imitamos.
Originalmente, aparecemos en esta vida como infantes, relacionándonos con los
demás según todas nuestras necesidades, y en situaciones en las que nuestros
padres tenían todo el poder. Esto es extremadamente potente y es un milagro que
logremos superarlo.
En realidad, todos tenemos necesidades, y todos tenemos cierta capacidad de
satisfacer las necesidades de los demás. Si estás en el eje Luna-Saturno,
entonces una buena idea es exponer esas necesidades y capacidades de crianza,
dado que tanto la Luna como Saturno tienen la tendencia de caer en la pérdida de
conocimiento.
La Décima Casa en donde vamos más allá de nosotros mismos y de nuestras
relaciones, y dejamos nuestra marca en este mundo. Pero, dado que esta casa es
regida por Saturno, podríamos encontrarnos enfrentando limitaciones frustrantes
en estas áreas de nuestras vidas, que se terminarán metiendo en nuestras casas
para arruinar nuestras relaciones.
Por lo tanto, es mejor dejar en claro nuestras necesidades, en lugar de
despotricar cuando nuestra pareja no puede satisfacerlas no culparlas por
nuestras fallas, limitaciones o las injusticias de este mundo cruel.
Pero luego regresamos a Venus y Marte. Estos planetas son fotos de personas que
saben lo que quieren y que están listos para transitar el camino de la vida con
entusiasmo. Estos planetas tienen que ver con el momento presente, y no con el
pasado acumulado (Cuarta Casa) o el futuro al que aspiramos (Décima Casa).
Venus y Marte se relacionan ente sí a nivel del suelo (el eje del horizonte o de
la Primera/Séptima) más que sobre el eje vertical (Cuarta/Décima), y si
observamos nuestras relaciones, podemos ver estos arreglos y hacer ajustes.
Venus y Marte pueden ser temerarios en el sexo, sin temer a las diferencias
entre unos y otros, y sin dejarse gobernar por sus propias necesidades.
Aprender a ser de esta forma requiere de práctica y auto-conocimiento, y de
recordarnos constantemente que la persona con quien estamos no es nuestro padre,
madre o hijo, sino que es, de hecho, nuestra pareja.
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